Ángel de Pedro

Ángel de Pedro es otro y él mismo. Dialoga con la pintura, con Picasso y Gris, con Léger, con Magritte y Ernst, con Cézanne y Torres-García, y lo hace sin complejos, como quien conversa, confiado, con los maestros frente a la naturaleza insomne de todas las estaciones. Luego se sienta en el estudio o ante el paisaje, con un cuaderno entre las manos, y desarrolla su mirada, expande su propio mundo. Un mundo con ecos, con olores, con sueños, con mujeres sonámbulas, con caballos de sombra; un mundo que tiene la apariencia de un trampantojo, la gracia del resplandor. Un mundo que se basa en la imaginación, en la luz y la geometría, en el color y en la tensión.

Los cuadros de Ángel de Pedro nacen de la simplificación, de la depuración formal matizada, atmósfera a atmósfera; nacen de la expresividad, del equilibrio y de una estrategia de seducción que se basa en la diversidad de tonos, en la elegancia y en un trazo muy gráfico, casi de ilustrador. Su obra es muy narrativa y a la vez enigmática: exalta los objetos que actúan como símbolos, como actores de una representación absorbente y mágica. Si uno se fija bien, sus cuadros parecen instantáneas del Mediterráneo: noches de plenilunio, incendios del poniente, bodegones del delirio y estampas metafísicas, cuentos de amor y de sueño a la orilla del faro. Cubista o vanguardista, clásico o futurista, Ángel de Pedro es un pintor del sortilegio.

Antón CASTRO

 

Puede encontrar más información sobre el artista en los siguientes enlaces:

 

Deja un comentario